Kafka en la orilla (I)

Kafka en la orilla

Kafka en la orilla

La última de las novelas de Haruki Murakami que me quedaba por leer de entre las que se encuentran en la biblioteca municipal de  Sanlúcar la Mayor, Sevilla, es Kafka en la orilla, publicada por Tusquets en 2006, escrita por el autor japonés en 2002.

La primera impresión no puede ser peor: un adolescente con problemas familiares y que escucha o imagina voces con las que mantiene conversaciones y le dan buenos consejos se escapa de casa el día de su decimoquinto cumpleaños. Aquí tenemos una vez más al adolescente con la familia desestructurada, un crío de clase media muy bien educado e inteligente, y como oye esas voces que él cree reales, también tenemos presente el tema de la enfermedad mental considerada como algo positivo e incluso deseable que todo el mundo trata como si fuera algo normal.

Como en sus primeras páginas parece la típica novela de Murakami, sé que algún elemento sobrenatural o fantástico está al caer (lo hace en el segundo capítulo de la novela cuando conocemos las circunstancias que convirtieron a Nakata en el pobre idiota que es, aunque aún faltan cien páginas para que sepamos quién es Nakata) y no caigo en la trampa de la página once:

A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en de¬finitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que pue¬des hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Sospecho en seguida que este párrafo contiene toda la novela que voy a leer. Haruki Murakami siempre hace lo mismo, explicarnos qué novela estamos leyendo y cómo se va a desarrollar antes de la página cien. Siempre escribe la misma novela, usa las mismas estructuras, los mismos personajes, los mismos elementos fantásticos, las mismas reflexiones filosóficas, las mismas alusiones musicales y literarias… Y aún así no me he aburrido con ninguna de sus novelas, sino que con la excepción de Ater Dark, que no deja de tener algún que otro acierto, todas las novelas que he leído de este autor me parecen tan extraordinarias que sé que no pasarán muchos meses antes de que las relea.

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