El hombre inquieto (III)

Worlds End | What This Name

En todas las novelas de Kurt Wallander, Henning Mankell ha incluido una pequeña nota a modo de colofón en la que viene a explicar, siempre de un modo distinto, que sus lectores acaban de leer una novela, y que si bien su contenido puede haberles parecido muy reales y ciertos, todo era una ficción.

Este es el colofón de El hombre inquieto, uno de los peores de la serie:

Son muchas las libertades que uno puede tomarse en el mundo de la ficción. Así, no es inusual que modifique un paisaje, a fin de que nadie pueda decir: «¡Ahí, ahí fue! ¡Ahí tuvo lugar ese suceso!».

La intención es, claro está, subrayar la diferencia entre la fabulación y el relato documental. Lo que he escrito podría haber ocurrido tal y como lo he contado pero, naturalmente, no fue así.

Hay en este libro no pocos solapamientos de esta naturaleza, entre lo que ocurrió en realidad y lo que habría sido imaginable. Como la mayoría de los escritores, escribo para que el mundo resulte más comprensible, al menos en cierta medida, pues la ficción puede superar en ocasiones al realismo documental.

Y entonces no importa si existe o no una residencia llamada Niklasgården en algún lugar de la región central de Suecia. Tampoco si en el barrio estocolmense de Östermalm hay o no una sala de fiestas frecuentada por oficiales de la marina. O un café a las afueras de Estocolmo con el mismo público y objetivo. En el que, por ejemplo, pueda verse a un oficial llamado Hans-Olov Fredhäll. Como tampoco Madonna dio un concierto en Copenhague en 2008.

Sin embargo, lo más importante de este relato descansa sobre la sólida base constituida por la realidad.

Son muchas las personas que me han ayudado a recabar información. Y aquí quiero expresarles mi gratitud.

Del resultado y el punto final soy yo, pese a todo, el único responsable. Totalmente y sin excepción.

El mejor de todos ellos, a mi parecer, no se encuentra en la primera novela de Wallander que leí, La quinta mujer,

En el mundo de la novela hay cierta libertad. Lo que se describe pudo haber ocurrido exactamente como está descrito. Pero tal vez ocurrió, a pesar de todo, de una manera algo distinta.

En esta libertad entra también el que uno pueda trasladar un lago, cambiar un cruce de carreteras o reconstruir una Maternidad. O añadir una iglesia que quizá no existe. O un cementerio.

Cosa que he hecho.

ni en la segunda, La leona blanca, que a punto estuvo de quitarme las ganas de leer más novelas de Henning Mankell,

Este libro es una novela. Esto implica que los nombres de las personas y de los lugares así como las referencias temporales a que en ella aludimos no siempre son auténticos.

Las conclusiones, así como la narración, son responsabilidad mía.

De ellas no se ha de culpar a nadie, con independencia de que su nombre aparezca o no mencionado en la novela.

sino en La falsa pista.

Esto es una novela. Eso significa, sobre todo, que ninguno de los personajes que aparecen en ella existe en la realidad; aunque no siempre es posible, y ni siquiera preciso, evitar las similitudes.

Creo que para mí ha llegado la hora de dejar que El hombre inquieto se marche y deje de ocupar mi tiempo y mi pensamiento. Deseo de verdad que, a diferencia de Holmes, Wallander no regrese por tercera vez de entre los muertos y desaparecidos. Entiendo que su autor tiene que comer y que no es fácil rechazar la posibilidad de ganar mucho dinero escribiendo novelas policíacas protagonizadas por Wallander, pero con la perspectiva que da el tiempo, tal vez Cortafuegos ya estaba de más y no aportaba absolutamente nada a la serie, aunque su epílogo es magnífico:

Los hechos narrados en esta novela se desarrollan en una zona fronteriza.

Entre la realidad, lo que sucedió en verdad, y la literatura, lo que podría, haber ocurrido.

Y ello implica que, de vez en cuando, me he tomado ciertas libertades.

Una novela es siempre un acto de creación despótico y arbitrario.

Lo cual explica, a su vez, que yo haya desplazado viviendas de su lugar original, que haya cambiado los nombres de alguna calle e incluso, en algún caso, que haya añadido otra que no existe.

Asimismo, he convocado a la escarcha para que enfríe las noches de Escania cuando le ha convenido a mis intereses.

Y he establecido mi propio horario de salidas y llegadas de los transbordadores de Polonia.

Por añadidura, he construido para Escania un sistema de suministro de energía absolutamente particular, lo que no ha de interpretarse como una queja velada por mi parte con respecto a los servicios de Sydkraft: la compañía me ha proporcionado siempre la energía que necesité.

Finalmente, me he tomado la libertad de modificar a placer el mundo de la electrónica.

En cualquier caso, yo tengo la firme sospecha de que cuanto se dice en este libro sucederá muy pronto.

No son pocas las personas que me han prestado su ayuda en esta empresa.

Ninguna de ellas ha pedido que la mencione, de modo que no lo haré. Aunque a todas exprese aquí mi agradecimiento.

Cuanto aquí puede leerse es responsabilidad únicamente mía.

Por lo demás, doy las gracias a todos los que me han ayudado a lo largo de este libro.

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