El hombre inquieto (I)

portada de El hombre inquieto

El hombre inquieto

Arthur Conan Doyle fue, probablemente, el primero que lo hizo. Enfrentó a Holmes con lo que denominó mayor encarnación del mal de su época, Moriarty, y murió despeñado por un salto de agua tras perseguir a su némesis por media Europa hasta alcanzarlo en Suiza. Sus lectores lo odiaron por ello, dicen que incluso su madre se enfadó mucho con él cuando supo que había matado a su héroe, y decidió traerlo de vuelta.

Primero reapareció en una novela llamada El sabueso de los Baskerville, una novela que a ratos parece un relato de detectives y a ratos uno de terror. Dala impresión de que Doyle escribió una novela de terror en primer lugar, y que a continuación introdujo en la trama a su detective supuestamente fallecido en Suiza, justificándo la reaparición con el argumento de que se trataba de una aventura que Watson no había publicado hasta entonces ocurrida antes de la muerte de su querido amigo. Esa argucia narrativa abrió el camino para que surgieran un buen montón de casos inéditos (lo que ocurrió eventualmente, tras el segundo fallecimiento de Holmes), y para su gran regreso de entre los muertos, pobremente justificado, en un relato llamado La casa deshabitada, creo recordar.

Henning Mankell no ha matado a su gran héroe, Kurt Wallander, en la última novela de su serie, El hombre inquieto, publicado el año pasado, pero tras finalizar su última investigación es improbable que sepamos nuevas cosas sobre su trayectoria profesional o incluso vital. Cansado, viejo, achacoso, solo y amargado, se ha convertido a su pesar en aquello que más temía, su propio padre,, y además los primeros síntomas de Alzheimer, una terrible enfermedad incurable que te mata sin matarte, proyectan sobre Wallander un futuro terrible.

El destino final que Mankell ha imaginado para su personaje más conocido es cruel e irónico. La enfermedad acaba con las energías del policía y con su principal arma, su capacidad para observar el mundo y hacer conexiones únicas que a nadie más parecen ocurrírsele entre hechos aparentemente independientes que lo conducen a atrapar a los delincuentes que persigue.

No es la mejor novela de Wallander, pero su calidad se acerca mucho a ella.

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