Que ni una buena acción quede sin castigo

Cow Fight | Sinny Freak

El viernes por la noche, poco antes de irme a la cama, me asomé a una de las ventanas del piso de arriba para ver si localizaba por lo alrededores a mi gato, del que no sabía nada desde la hora del almuerzo. A esa hora, como ocurre casi siempre en esta urbanización fantasmal, no había nadie en la calle, los coches estaban aparcados a ambos lado, y podría oírse respirar a mi gato, que al parecer no andaba por allí.

Lo que vi fue a una adolescente sentada en la acera, junto a la caseta de Endesa, en la esquina del solar de Las Majarocas que algunos llaman parque y yo llamo trozo de mierda con albero que pone las calles como unos zorros cuando llueve un poquito y el albero llega con el agua a la calle. Es un lugar habitual de botellón, son muchos los jóvenes que han escogido ese lugar para beber alcohol y fuman maría, pero hará cosa de dos meses la guardia civil estuvo identificando a gente por la zona y ya no teníamos la actividad de antes.

En seguida vi que pasaba algo raro. En primer lugar, que aquella niña estaba sola, cuando las actividades propias de aquel lugar son siempre comunitarias. En segundo lugar no pude dejar de notar que estaba llorando, pues, como ya he dicho, el silencio en este barrio, excepto cuando los vecinos de la derecha se tiran los trastos a la cabeza, es propio de cementerios a esas horas. Mentiría si dijera que me importaban algo aquella joven o la causa de su pena, yo andaba preocupado por mi gato, que últimamente duerme en casa todos los días, y al no verlo me disponía ya a cerrar la ventana cuando oí una voz masculina procedente del trozo de mierda con albero que llamaba puta a alguien.

Como cualquier persona que se criara en un lugar llamado Pañoleta en los años 80 y 90 hubiera hecho, seguí en la ventana para ver qué ocurría a continuación. Apareció de entre las sombras del trozo de mierda otro adolescente, masculino, que insultaba a gritos a las adolescente que lloraba. Se sentó a su lado y siguió gritándole. A la niña parecía no importarle que la insultaran, cosa que me pareció incomprensible pero no extraña porque, como ya he dicho, yo vivía en Pañoleta en los años 80 y 90, y he visto algunas cosillas incomprensibles. Lo más extraño del caso es que ella no respondía, sólo escondía su cara entre las rodillas, ignorando a su vociferante acompañante, hasta que éste, supongo que harto de no captar su atención, le pegó un manotazo en la cabeza y después un empujón.

Lo veas como lo veas, aquello parecía una agresión. La joven se levantó inmediatamente. Fue entonces cuando vi que sólo llevaba puesto un zapato. salió corriendo, cojeando, calle abajo, pero se detuvo a unos quince metros de donde estaba antes, ni siquiera se había acercado a la esquina. Su acompañante le pidió con gritos y un par de insultos que se detuviera, amenazándola con un castigo físico si no le obedecía. Y ahí fue cuando intervine.

Llamé la atención de la niña moviendo los brazos desde la ventana y gritándole Eh, tú, puesto que no sabía quién era. Cuando miró hacia mí, le pregunté si estaba bien, si necesitaba ayuda o si quería que llamase a la policía o a alguna persona. Mi  intención era ayudarla, evitar que el animal que parecía estar con ella le hiciera daño, pues eso creí que podría pasar si aquellos dos seguían la dinámica en la que estaban envueltos. Ella me gritó que me fuera a la mierda y que la dejara en paz, y su amigo, que ya caminaba hacia ella, se giró, me insultó a gritos, desapareció un segundo en las sombras del trozo de mierda con albero, y se dirigió hacia mi casa con algo en la mano, creo que una piedra.

Como suele ocurrir en estos casos, fingí que sacaba un móvil del bolsillo (como si mi pijama tuviera bolsillos) y que le hacía una fotografía. Se lo dije. Le dije Te he hecho una foto y puedo encontrarte si tiras eso a mi casa, gilipollas. No debía de ser muy listo, no se dio cuenta de que le estaba contando una trola, y cesó en su ataque contra mí.

Me gusta decir que la niña que lloraba y solo tenía un zapato desapareció de mi vista aprovechando aquel pequeño incidente. Deseo que se encuentra bien y que se relacione con personas más civilizadas.

Mi gato volvió a casa en algún momento de la madrugada, cuando los niños se levantaron por la mañana lo encontraron durmiendo en el sofá, a una distancia prudencial del perro.

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