Antes de empezar a escribir (I)

La primera vez que imaginé el comienzo de la novela que quería escribir imaginé que un detective privado viajaba trescientos kilómetros en tren para encontrarse con una mujer a la que no conocía en una clínica privada especializada en adicciones y enfermedades mentales.

Supuse que dos días antes del viaje, el abogado de esta señora lo habría telefoneado para concertar la cita. No le dio mucha información, sólo el nombre de su clienta y el lugar donde debían encontrarse. El abogado no sabía para qué quería verlo ni por qué lo había escogido a él, un pequeño detective privado independiente con un anuncio muy pequeño en las páginas amarillas, de entre todos los profesionales y grandes agencias de la ciudad. Aquella cita escama tanto al detective que comprueba la existencia real del abogado y la validez de su número de teléfono. No es el modo habitual en que sus clientes llegan a él, y estos casi nunca son personas particulares, sino empresas. Además, está el asunto del lugar de la cita, un psiquiátrico. ¿Su clienta es una loca aburrida, una loca delirante o una loca con algún problema real en el que él puede intervenir? No lo sabe, y teme desplazarse para nada.

Cuando llega a la clínica privada aún tiene dudas sobre lo que ocurrirá, y está predispuesto a rechazar el trabajo que le ofrezcan, sea cual sea, aunque de todas formas ha acudido a la cita por su maldita curiosidad. Todo el lugar le recuerda a un módulo carcelario, solo que más limpios y con guardias mejor vestidos. Un celador le da una vuelta por las instalaciones hasta una zona de mínima seguridad (tiene menos puertas, menos rejas, menos videocámaras y menos gorilas a la vista) y lo deja en la habitación de la mujer, que ronda la cincuentena y está acompañada por una joven a la que despide bruscamente para hablar a solas con él.

Lo primero que le cuenta la mujer es que está allí porque hace unos meses sufrió un grave accidente de tráfico del que la atienden allí sin mucho éxito porque es probable que no pueda volver a andar sin ayuda. Lo segundo es que está convencida de que su esposo provocó de algún modo el accidente, que la policía ni el juez la han creído, y que él es su última oportunidad de demostrar que tiene razón.

Pensé que era un comienzo atractivo con mucho potencial para desarrollar una historia entretenida. He intentado desarrollar todo mi proyecto de novela a partir de ello.

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